
Ocurrio en Inglaterra, un hombre que prefiere permanecer en el anonimato, al saber que podría usar cuando quisiera una prótesis artificial, se quiso quitar de encima el molesto pellejo que tanto le molestaba cuando su pene quería asomar la cabeza.
Lo que no sabía el joven es que algo como esto tiene que hacerlo un cirujano profesional en un centro hospitalario. No, no lo sabía.
Él penso que la cosa era sencilla y, ni corto (je, je) ni perezoso, cogió un cortauñas y se pegó un tajo en el prepucio que, sólo de pensarlo, hace que se me encoja hasta el postpucio.
¿El resultado? Dolor, sangre a borbotones y carreras al ambulatorio más cercano para intentar minimizar los daños. Esperemos que la cosa tenga arreglo.